viernes, 26 de junio de 2015

Me río yo de sus drogas,
teniendo este olor en mi almohada;
sus síndromes de abstinencia
no conocen de desesperaciones
tales como las de estas horas
que no avanzan esperando
esas manos que nunca llegan.

Me río de sus placeres
superfluos, con sabor a plástico,
prefiero el café, aun sin gustarme su amargura.
Cierro la ventana a todo lo demás,
soñar se ha vuelto fácil de golpe,
y ya me da igual cualquier reacción alérgica con tal de poder olerte.

jueves, 11 de junio de 2015

Abrumándome los pensamientos de "tal día a estas horas, tal día a estas horas..." y acabar la frase siempre con un "en tu cama". Y no encontrar nunca el momento en el que vaya a repetirse, y no ver nunca la hora en el que vuelva a probarte.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Mi corazón sonriendo
después de todo,
dispuesto a sentir,
de verdad,
sin miedos esta vez,
parece ser.

Ese olor, dulce,
se impregna
en todo lo que tocas,
y cuando me tocas
y sueño,
que puedo volar,
de verdad puedo volar.

Y tu mirada, fija,
sumergida,
nadando en la mía,
como nunca,
como nadie,
como nunca nadie,
tan profúndamente,
explorando
lo nunca buceado.

De verdad,
esta vez,
sin miedo,
por primera vez.
Mi corazón sonríe,
y no por compromiso,
lo hace sin pedir permiso.

sábado, 16 de mayo de 2015

Me apetece que me guste.
Me apetece sentir esto.
Puede que porque esté cansada
de dar cada paso con miedo,
si esto no me lo da,
y quiero ir más allá.
Porque no me cuesta,
me sale solo.
Me sale sola,
esta sonrisa,
al ver la tuya.
Puta cara de tonta.
Pero me da igual,
es tan diferente,
y tan agradable,
y tan yo.
Que siempre quiero más.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Pensando en todo lo que haría si no me diera por tanto pensar. Si no me callara tanto, por miedo a lo de siempre. Por miedo a correr. Por miedo a hacer lo que realmente saldría de mí si dejara de recordarme esos precedentes. Que me abruman y martillean el alma,  impidiéndome adentrarme en su gemela.

Oigo cómo lloran mis ganas, cómo gimen de deseo mis sueños, cómo suplican por seguir probando de esa droga que acaban de hallar. Pero con el mismo temor a lo de siempre: a descubrir que no es más que un dulce caramelo, del que se empacharán tarde o temprano.

lunes, 4 de mayo de 2015

Pretendía ser responsable y consciente de cada acto, hacer las cosas "como es debido". Y al instante me reía. Qué ingenua pretensión. Sabía que siempre había amado el arte de dejarse llevar, esa sensación de volar al ritmo del segundero, sin pensar. Resulta todo tan fácil así, no sé, es sencillo, placentero. "¿Qué más da?" me decía. Poco tardaban en aparecer esos pepitos grillos, que aburridos con sus perfectas y acomodadas conciencias necesitaban hurgar en las ajenas. Déjenme vivir, ¿quieren?.

miércoles, 11 de febrero de 2015

No me gusta escribir sobre decepciones. Suenan tan victimistas, melodramáticas, exageradas.
Paranoicas.
Pero tan reales, y, por desgracia, habituales.
Siempre, o normalmente, les precede una ilusión, planeada o idealizada de alguna manera. Por muy absurdo, simple, banal que sea el tema,
Pero la decepción suele ser como un abrir de ojos, un despertar de un sueño en el que se estaba inmerso. Un darse cuenta de la realidad. Y un camio de actitud, más acorde con lo que se merece cada uno, y no tan optimista respecto a todo. Respecto a todos.

martes, 4 de noviembre de 2014

PLEGARIA CONCUPISCENTE

Atrápame.
Que tus garras me hagan tuya,
nos hagan uno.
Y que el frío se convierta en leyenda por unas horas.

Hazlo como sea,
lento cuando te lo pida
y rápido cuando sea preciso.
Preciosamente perfecto.

Como esos dedos,
recorriendo el camino ya trazado
por tu mirada segundos antes.

Románticamente violento,
pero perfectamente sincero.
Sin complejos, ni secretos, ni reproches, ni argumentos.

Toda tuya,
todo nuestro.

viernes, 11 de julio de 2014

Sólo diré una cosa.

Cuando tengas dudas, quédate con aquello que te hace sonreír.

Fin.

martes, 8 de julio de 2014

Y se puso a ordenar recuerdos en cajas, clasificando, intentando discernir los positivos de los negativos, tratando de aclarar cuáles merecía la pena guardar y cuáles no le harían ningún tipo de bien. Pero llegando siempre a la conclusión de que todos y cada uno de ellos constituía el símbolo de momentos y experiencias que la habían hecho llegar a donde estaba, a ser quién era.
Pero de golpe, se encontró con que cada noche no recordaba ya con quién debía soñar. Ni en quién debía pensar para no terminar en pesadilla. Y, cada noche, una vez más, cada solitaria noche, le abrumaban los pensamientos mortíferos, cada sueño acompañado de pensamientos moribundos, macabros, y casi reales.
Todas las madrugadas se convirtieron en no deseadas, se convirtieron en la parte más dura del día, haciendo cualquier cosa por evitar que llegase el momento de cerrar los ojos.

Aunque, obviamente, cualquier intento sería inútil, al fin y al cabo. Y a esas alturas, además, no merecía la pena intentarlo tanto.

jueves, 16 de enero de 2014

Recuerdo cuando me perdía en el tiempo escribiendo, cuando mi mano era capaz de viajar a la velocidad de la luz, fluyendo sobre un papel simplemente expulsando todo lo de dentro, lo que fui incapaz de sacar cuando me preguntaron. Recuerdo que siempre me resultó más fácil dejarlo todo por escrito, para nunca olvidar quién me hizo daño, porque con el tiempo me di cuenta de que mi débil corazón olvidaba rápido y era capaz de perdonar todas las traiciones y puñaladas, porque se negaba a admitir, a asumir, la crueldad de todo al rededor. Recuerdo oscuras horas de insomnio, meditando, sobre si sí o si no, sobre lo real, lo imaginario, lo futuro, lo pasado.  Pero sobre todo lo presente. Y el miedo que me infundía todo aquello.
Recuerdo la tranquilidad después de soltarlo todo, de dejarlo caer, y plasmarse, esa placentera calma, después de un éxtasis de palabras amontonadas, un sin fin de ideas embadurnadas de miles de ilusiones, cargadas de, al fin y al cabo, silencio y soledad.