Me río yo de sus drogas,
teniendo este olor en mi almohada;
sus síndromes de abstinencia
no conocen de desesperaciones
tales como las de estas horas
que no avanzan esperando
esas manos que nunca llegan.
Me río de sus placeres
superfluos, con sabor a plástico,
prefiero el café, aun sin gustarme su amargura.
Cierro la ventana a todo lo demás,
soñar se ha vuelto fácil de golpe,
y ya me da igual cualquier reacción alérgica con tal de poder olerte.