No me gusta escribir sobre decepciones. Suenan tan victimistas, melodramáticas, exageradas.
Paranoicas.
Pero tan reales, y, por desgracia, habituales.
Siempre, o normalmente, les precede una ilusión, planeada o idealizada de alguna manera. Por muy absurdo, simple, banal que sea el tema,
Pero la decepción suele ser como un abrir de ojos, un despertar de un sueño en el que se estaba inmerso. Un darse cuenta de la realidad. Y un camio de actitud, más acorde con lo que se merece cada uno, y no tan optimista respecto a todo. Respecto a todos.
miércoles, 11 de febrero de 2015
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