Hoy vengo a escribir para hablar de alguien.Alguien en mi vida que con tan pocos años ha tenido que pasar por experiencias durísimas. Y por eso mismo la admiro tanto. Ella, tan aparéntemente frágil, con su dulce voz, y una sonrisa siempre pintada en la cara, se ha enfrentado a todo tipo de problemas que se nos puedan venir a la cabeza, casi siempre en silencio y con una fuerza que pocos podríamos imaginar.
Hoy me quiero dirigir a ti para decirte (aunque ahora las palabras te suenen todas igual de vacías e inútiles, incluso triviales), que sí, que este es otro momento de esos que hay que afrontar, pero no uno de esos de los que te derrumban, sino de los que te hacen más fuerte. Mi querida amiga, te voy a apoyar como siempre he procurado hacer, y de todas las maneras que estén en mis manos. Ahora es el momento de demostrarte a ti misma que eres capaz de todo. Tienes que permitirte llorar, porque llorar es bueno. Desahogarte todo lo que puedas, gritar incluso. Puedes permitirte reclamar todos los abrazos que necesites, los recibirás. Yo voy a estar ahí acompañándote siempre que me dejes.
Cuando la soledad te abrume, cuando los recuerdos te ataquen y las heridas se te empiecen a infectar, quiero que recuerdes que nunca estarás sola, y no tengas miedo de llamarme, para curártelas, porque lo intentaré hacer con el mayor cuidado y cariño que me sea posible.
Siempre estarás en mi vida, a pesar de las circunstancias de ella. Te mereces lo mejor.
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