Ese que se te cruza por la calle, la voz que te llama constatemente para no decir nada, las sonrisas que en vez de animarte te amargan, la merienda que te revuelve el estómago sin abrírtelo, y el chiste que te enfurece en lugar de hacerte reír.
No te sirve de nada lo de siempre, nada de lo que siempre te cura de cualquier drama. Hoy es inútil.
Ni sus labios, ni su melodía, ni su sabor, ni su poesía.
Un día de esos, en el que el domingo es más domingo que nunca, el espacio nunca te parece suficiente, ni el silencio tan absoluto como debería.
Uno de esos días.
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