Me encanta que no me hables, que no me mires. Me encanta no saber lo que piensas. No. En realidad lo odio. Me encanta imaginar que despierto y estás ahí, pero en realidad lo odio porque me gustaría que no fuera sólo algo de mis pensamientos. Odio esperar ansiosa a que contestes. Y odio que no me guste lo que me dices. Pero me encanta tu sonrisa. Y tu risa. Tu eterna risa. No sé por qué me encanta, por qué ha podido llegar a encantarme todo esto en tan poquito tiempo.
Me encanta que me encante. Odio no entenderlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario