Si por lo menos la gente fuera consciente de lo que esto significa, lo que esto demuestra de una sociedad... sería un gran paso. Pero la situación que encontramos es la contraria: el país los admira. La gente, la audiencia, los admira. Los admira y los sigue. Los siguen de tal manera que todos quieren llegar a ser como ellos. Esos jovenzuelos, sin experiencia de la vida, sin estudios, mal hablados, mal educados en su mayoría, y encima cobrando por ello, ellos, llegan a convertirse en ídolos para los que van a ser "el futuro" del país.
Supongo que el poder de la televisión ha alcanzado tales límites que estamos totalmente descarrilados, hemos perdido el norte.
Saludad a la Diosa del siglo XXI.
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