lunes, 24 de octubre de 2011

Es ese momento a las 7 de la mañana cuando enciendo la luz de mi habitación y parece que el mundo está muerto. No se oye ni un solo ruido y la calle está oscura. Me siento como la única superviviente de la tierra y como si fuera la dueña de todo. Ese pequeño momento es mío y de nadie más. Porque esas cálidas gotas del grifo de la ducha las siento yo y nadie más. Porque esos pequeños pensamientos que tengo son míos y no los comparto con nadie. Porque me gusta sentirme especial durante esa media hora temprana en la que el mundo duerme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario